Trucos de espacio · 23 de julio de 2026
Cortinas hasta el techo: la reforma más barata que existe
Subir la barra medio metro cambia la altura de una habitación más que tirar un tabique. Y cuesta lo que cuesta una barra.
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Casi todas las cortinas de España están colgadas donde dijo el instalador: quince centímetros por encima de la ventana, ancho de la ventana, y a otra cosa. Es la forma más rápida de contar a quien entra que el techo está más bajo de lo que está.
Nosotros hemos pagado esa factura. En uno de los primeros proyectos medimos la ventana, pedimos la cortina de la ventana y quedó exactamente lo que era: una ventana con una cortina. Volvimos, subimos la barra al techo, ampliamos la tela un palmo por cada lado y el salón creció. No la habitación: el salón. La misma habitación, dos semanas después, con la misma pintura y el mismo sofá.
Las cinco reglas que usamos siempre
- La barra va al techo, o a tres dedos del techo. No sobre la ventana. Si hay moldura o falso techo, pegada a él. El ojo lee la línea de la tela como si fuera la altura de la pared.
- La tela llega al suelo. Rozando, ni un dedo por encima. Una cortina que termina a media pared corta la habitación por la mitad exactamente donde no interesa.
- El ancho es la ventana más un palmo por cada lado. Así, abierta, la tela no tapa vidrio y entra toda la luz; cerrada, no se ve el marco.
- Tela de sobra para que ondule. Entre dos y dos veces y media el ancho del hueco. Una cortina tensa parece una sábana; una cortina con pliegue parece una cortina.
- Un solo tejido en toda la casa. Cambia el color si hace falta, pero no el tejido. Es la decisión que más ordena una vivienda entera y la que menos se nota.

Lo que cuesta de verdad
Una barra buena, unas escuadras y lino de peso medio para tres huecos se mueve en el entorno de lo que cuesta una lámpara decente. Comparado con abrir un tabique —proyecto, licencia, obra, polvo y tres semanas de casa inhabitable— es la reforma más rentable que hemos hecho nunca, y es la que no aparece en las fotos de antes y después.

Hay un orden para gastarse el dinero en una casa, y la altura va antes que los metros.