Criterio · 6 de agosto de 2026
La regla de los tres materiales
Cuando una habitación no funciona y no sabes por qué, cuenta los materiales. Casi siempre hay siete y deberían haber tres.
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Hay habitaciones donde todo está bien elegido y aun así no funciona. Los muebles son buenos, el color es correcto, la lámpara la has visto en una revista. Y entras y algo hace ruido. Casi siempre es lo mismo: hay demasiados materiales y ninguno manda.
Nosotros llegamos a esta regla por agotamiento, no por teoría. En un salón acabamos con roble, nogal, mármol, latón, hierro negro, mimbre y terrazo. Cada pieza era defendible por separado; juntas, la habitación parecía un muestrario. La arreglamos quitando, y desde entonces la primera pregunta en cualquier proyecto es cuántos materiales hay sobre la mesa.
La regla, entera
Tres materiales por estancia. Uno manda —ocupa las superficies grandes: suelo, frentes, encimera—, otro acompaña en la mitad de superficie, y el tercero aparece solo en piezas pequeñas: tiradores, grifería, patas, una lámpara. Ese es todo el sistema.
- El que manda se elige primero y no se discute. Si el suelo es de roble, el roble manda. Todo lo demás se decide después y en relación con él.
- El que acompaña tiene que contrastar en textura, no solo en color. Madera con piedra, piedra con tela, tela con cerámica. Dos maderas distintas no son dos materiales: son una duda.
- El tercero es un acento y se repite. Si eliges latón, latón en toda la casa. Un solo metal por vivienda ahorra más discusiones que cualquier otra decisión.
- La pintura no cuenta como material. El color es gratis y reversible. Los materiales son los que hay que ir a devolver en una furgoneta.
- Lo que ya está en la casa cuenta. La viga vista, el terrazo del pasillo, el muro de piedra. Si el edificio ya trae un material, ese es uno de los tres y no lo has elegido tú.

Cuándo se rompe
Se rompe en las casas antiguas de verdad, donde los materiales se han ido acumulando por décadas y esa acumulación es el valor de la casa. Ahí la regla se invierte: no añades, ordenas. Y se rompe en la cocina, donde el electrodoméstico mete un acero que no has invitado y hay que contarlo como material aunque no te guste.

La prueba es fácil. Ponte en la puerta de la habitación, cuenta materiales en voz alta y para cuando llegues a cuatro. Lo que has contado a partir de ahí es lo que sobra.